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Canadá se encuentra en un momento crucial en su historia. La confrontación comercial que se desató entre este país y los Estados Unidos no ha terminado aún. Las negociaciones para alcanzar un acuerdo que renueve al TMEC se encuentran suspendidas, aunque este fin de semana, tanto el Presidente Trump como el Primer Ministro Carney declararon que se retomarán muy pronto y que se encuentran cerca de alcanzar un acuerdo[i].

La campaña de acoso que el presidente estadunidense desató contra Canadá provocó una reacción nacionalista que unió a la población contra el que hasta hace un par de años fue su mayor aliado. La popularidad de Trump en su vecino del norte alcanza apenas el 16%[ii]. Pero la tendencia de unidad frente al enemigo común se enfrenta a otras fuerzas que actúan en este país. En las provincias de Quebec y Alberta los movimientos independentistas se han intensificado en los últimos años. Esas dos fuerzas: el nacionalismo fortalecido que se asemeja lo que ocurre en otros países que han adoptado un concepto absoluto de soberanía y los regionalismos, que responden a ese mismo deseo de capacidad de decisión sin cortapisas de dos de sus provincias más grandes, van a determinar el futuro de Canadá en las próximas décadas.

Durante su segunda administración, Donald Trump, de manera inesperada ha acusado a los canadienses de aprovecharse por décadas de su país. La insistencia en sus declaraciones de que la mejor opción para Canadá es convertirse en un estado más de los Estados Unidos cayó como un balde de agua fría entre los canadienses, que consideraban a su vecino del sur como un aliado incuestionable. El rechazo profundo que generaron esos ataques contribuyó en gran medida al triunfo de Mark Carney como Primer Ministro y a que su partido obtuviera la mayoría en el Parlamento.

A nivel provincial, la mayoría de los mandatarios adoptaron discursos de rechazo a los ataques del gobierno estadunidense; Doug Ford, premier de Ontario, se convirtió en un opositor sumamente vocal de Donald Trump (al grado de provocar la suspensión de las negociaciones entre ambos países). La primera ministra de Alberta, la provincia más rica de Canadá per cápita[iii] (excluyendo los dos territorios del norte, escasamente poblados), Danielle Smith, asumió una actitud diferente. Su gobierno conservador no se confrontó con el estadunidense sino que buscó mantener un equilibrio entre descalificar los ataques más extremos y llamar al gobierno federal a alcanzar un acuerdo con Estados Unidos en lugar de escalar el conflicto con aranceles de represalia.

Los votantes en Alberta sienten un enojo profundo en contra del gobierno federal liberal, que data de los años en que Justin Trudeau ejercía el cargo de Primer Ministro. En la elección en que Mark Carney fue electo primer ministro con amplia mayoría, en Alberta, su partido únicamente consiguió dos escaños contra 34 del partido conservador[iv]. Las políticas que adoptó el gobierno de Trudeau en materia de protección al medio ambiente, promoción de las energías renovables, redistribución de los ingresos entre las provincias, fueron recibidas con mucha molestia en Alberta, cuya riqueza proviene principalmente de la extracción de hidrocarburos. Un ejemplo destacado es el impuesto a las emisiones de carbono que se percibió en Alberta como un atentado contra su modo de vida. El gobierno provincial combatió el impuesto al carbono hasta llegar a la Suprema Corte, acompañado por los gobiernos de Saskatchewan y Ontario. Tras ser derrotados en la Suprema Corte, en las provincias de las praderas surgieron movimientos separatistas pequeños pero poderosos.

Al inicio del gobierno de Mark Carney, que sustituyó a Justin Trudeau, quien renunció tras ver su popularidad hundirse dramáticamente, Danielle Smith mantuvo la actitud desafiante que caracterizó su relación con Trudeau, pero aceptó encontrarse varias veces con el nuevo primer ministro. Como resultado de los encuentros, Smith anunció que daría al nuevo gobierno liberal el beneficio de la duda, ya que el nuevo Primer Ministro es consciente de la importancia de la industria petrolera para la economía albertana y canadiense. Pero a pesar de la nueva política conciliadora del gobierno federal hacia la provincia, el movimiento independentista de Alberta se encuentra organizado, motivado y logró cumplir el requisito legal de reunir 177,732 firmas[v] para solicitar que se convocara un referéndum[vi].

El pasado 19 de octubre, los albertanos votaron en el referéndum para decidir si la provincia debe iniciar un proceso formal para independizarse. Si bien el movimiento separatista consiguió únicamente el 25% de los votos en el referéndum, sus líderes han declarado que continuarán trabajando hacia ese objetivo y los analistas consideran que será difícil para la premier tranquilizar a los separatistas que podrían retar su liderazgo del partido conservador.

El independentismo o nacionalismo quebequense, por otro lado, es muy antiguo. El independentismo ha logrado que se celebren dos referenda sobre la posible independencia, uno en 1980 y el segundo en 1995. En ambos ejercicios triunfaron quienes prefieren permanecer como parte de la confederación, pero en el segundo, la diferencia entre ambas partes fue mínima: 50.28% favoreció la permanencia y 49.42% votó en favor de la independencia. El segundo referéndum puso la cuestión de la independencia formal en suspenso, pero los gobiernos quebequenses han ganado poco a poco terreno a la federación en cuanto al otorgamiento de facultades autónomas.

Hace apenas unas semanas, el 5 de octubre, en elecciones provinciales, el partido separatista Parti Quebecois consiguió la mayoría de los votos por lo que su líder, Paul Saint Pierre-Plamondon se convirtió en primer ministro. El Parti Quebecois tiene como columna vertebral de sus políticas, convocar un tercer referéndum sobre la independencia, pero el sentimiento de patriotismo que despertaron las amenazas de Trump obligó a Saint Pierre-Plamondon a prometer que mientras Donald Trump sea Presidente de Estados Unidos no convocará a un referéndum. En un gesto irónico, el Presidente Trump felicitó la victoria de Saint Pierre-Plamondon y lo consideró un golpe para Mark Carney[vii].

Si bien la celebración del referéndum independentista no se ve próxima, el gobierno quebequense perseguirá fuertemente una mayor autonomía para la provincia, que hoy por hoy ya goza de un amplio margen de decisión. Sin haber aún cumplido un mes en el cargo, Saint Pierre-Plamondon ya planteó los primeros desafíos al gobierno federal, al negarse a asistir a la Cumbre Unión Europea-Canadá que se llevó a cabo en Montreal. El gobierno quebequense pretendía participar con voz propia en las negociaciones, a lo cual se negó el gobierno federal, lo que provocó que el premier quebequense renunciara a participar[viii].

La fuerza de los movimientos autonomistas o separatistas en Alberta y Quebec presionan a que la confederación se debilite en favor de las provincias, mientras que las amenazas externas provocan una fuerte presión para que se mantenga un “equipo Canadá” y para que el país en su conjunto busque alianzas más estrechas con socios que comparten su visión del mundo, como la Unión Europea.

No sabemos cuál será el resultado de esas fuerzas encontradas pero el Canadá del futuro no mirará sólo hacia el sur, como lo ha hecho durante toda su existencia, sino que mirará más hacia otras latitudes. Y parece decidido a ejercer un liderazgo proactivo entre lo que considera potencias medias, entre las que debería incluirse México.


[i] Resumption of trade talks with U.S. rewinds the clock to August. What was on the table back then? – The Globe and Mail

[ii] Liaison Strategies

[iii] GDP per capita by province and territory (2024) | Quadranac

[iv] Official Voting Results

[v] Citizen Initiative Petition Verification Completed, Results Announced – Elections Alberta

[vi] Vale la pena señalar que Danielle Smith disminuyó el número de firmas necesarias para convocar un referéndum, con lo que facilitó la maniobra de los independentistas.

[vii] Paul St-Pierre Plamondon reçoit un message clair de la part de Donald Trump

[viii] https://x.com/PaulPlamondon/status/2115585169205715222?a=aBE9_JaB9Pdrxn0r4Uw&s=20

Alfonso Vera Sánchez

Alfonso Vera Sánchez es Licenciado en Derecho por la UNAM, Maestro en Cooperación Internacional para el Desarrollo por el Instituto Mora, y ha trabajado en la Secretaría de Educación Pública, la Suprema Corte de Justicia de la Nación y la Secretaría de Relaciones Exteriores. Es miembro del Servicio Exterior Mexicano desde 2010, donde se ha desempeñado como Cónsul de Protección en Nogales, Cónsul de Documentación en Chicago y Director de Litigios en la Consultoría Jurídica de la SRE. Actualmente es Encargado de Asuntos Legales en la Embajada de México en Canadá.