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En una entrega pasada en este espacio, afirmé que el derecho internacional no ha muerto, como algunos comentaristas señalan. Comenté en aquél artículo, que existen literalmente miles de normas jurídicas entre los Estados (bilaterales, regionales y multilaterales) que sobrevivirán a los últimos acontecimientos; incluso, comenté, el derecho internacional puede renacer en el marco de un nuevo orden mundial.

Desde aquella fecha, en que Estados Unidos había recién capturado a Nicolás Maduro, Israel atacó militarmente a Irán y eliminó a la cúpula de su gobierno con apoyo estadounidense. Con este ataque, podemos afirmar que el principio de no agresión, pilar fundamental del orden jurídico internacional (aunque muchas veces vulnerado), ha sido completamente destruido por la potencia hegemónica. Aún así, considero que los Estados reconstruirán un sistema legal internacional que sirva a la nueva geopolítica.

La acción unilateral de Estados Unidos coloca en una situación complicada a varios países que han criticado duramente a Irán por su afán de obtener armas atómicas y por su tratamiento hacia sus disidentes pero que profesan su respeto al derecho internacional y, por tanto, a la no agresión entre Estados.

El Primer Ministro de Canadá, Mark Carney, publicó casi inmediatamente de ocurrido el ataque, el 28 de febrero, en la red social X el apoyo de su país a las acciones de Estados Unidos en contra del régimen iraní. Esa postura le valió fuertes críticas de los propios liberales canadienses cuyo partido lidera, porque la agresión estadunidense viola claramente el derecho internacional y Canadá se precia de basar su política exterior en valores como el respeto al derecho internacional.

Como se recordará, Carney pronunció un aclamado discurso en el Foro Económico Mundial en Davos, en el que anunció el surgimiento de un nuevo orden político. En la nueva geometría mundial, en la que las super potencias toman acciones unilaterales de carácter militar, comercial, etc., las potencias medias deben aliarse para resistir los embates. Ese discurso se leyó ampliamente como un rompimiento de Canadá con su aliado histórico más cercano, Estados Unidos. Por lo tanto, resultó desconcertante que Canadá se apresurara a apoyar la acción militar estadunidense en lugar de reiterar su respeto al derecho internacional.

Otras potencias medias se enfrentan al mismo dilema: condenar el uso unilateral de la fuerza armada por parte de Estados Unidos, sin que ello se interprete como un apoyo a un régimen que consideran patrocinador del terrorismo y fuente de desestabilización en el Oriente Medio. La Unión Europea no reaccionó de inmediato, sino que citó a una reunión del Colegio Europeo de Seguridad y Defensa para discutir el tema.

España, miembro del bloque, se enfrenta a una situación todavía más complicada, ya que Estados Unidos solicitó hacer uso de las bases aéreas que tiene en territorio español para llevar a cabo sus ataques contra Irán. El gobierno español decidió no autorizar el uso de su territorio para tal efecto, lo que desató la ira del Presidente Donald Trump que anunció, en X, fiel a su costumbre, que suspendería todo el comercio de su país con España.

Francia, otro país relevante por ser miembro con veto del Consejo de Seguridad de la ONU y por ser una potencia nuclear, que además cuenta con una historia de presencia colonial en el Medio Oriente, adoptó una postura preocupante. El Presidente Macron afirmó que su país buscará ampliar su arsenal nuclear para disuadir, en coordinación con sus vecinos europeos, a cualquier posible enemigo. A esto, Macron le llamó “disuasión adelantada” (forward deterrence). Adicionalmente, el gobierno francés ordenó el desplazamiento de un portaviones nuclear al este del Mediterráneo para defender sus intereses y los de sus aliados, con lo que decididamente se posiciona como un posible participante en las hostilidades.

México, que podríamos considerar una potencia regional, emitió un comunicado breve el 28 de febrero, exhortando a las partes a concluir las hostilidades y a respetar el derecho internacional. La Presidenta Sheinbaum amplió el 2 de marzo esa declaración y acusó a la Organización de las Naciones Unidas de no cumplir con su función por no haber sido capaz de evitar el surgimiento de conflictos bélicos. Creo que vale la pena señalar que la ONU responde a las decisiones de los Estados miembros, de modo que son los Estados quienes deben redoblar su compromiso de trabajar en organismos multilaterales para evitar o solucionar conflictos entre ellos.

Como podemos apreciar, los países de potencia media o regional han reaccionado de acuerdo con sus propias motivaciones, de manera no coordinada. Las alianzas entre potencias medias que propuso Mark Carney no se han concretado; por lo menos hasta ahora.

Volviendo al planteamiento original de este artículo, el nuevo orden internacional que ha surgido, basado en claramente en el poder que cada nación tiene, se consolidará en los próximos años. Aun cuando el gobierno de Estados Unidos modere su agresividad en el futuro cuando Trump ya no está ahí, parece indudable que el precedente sentado por las agresiones estadunidenses provocará que otras potencias como Rusia, China o Israel, se sientan autorizadas a agredir a otras naciones cuando lo consideren conveniente. Pero incluso las naciones más unilaterales sienten la necesidad de formular algún sistema de reglas para dar cierta legitimidad a sus posturas. Así por ejemplo, el recién creado Foro para la Paz creado por Trump.

Tal vez, la ONU finalmente verá concretarse algunas de las reformas que se han propuesto a lo largo de su existencia para aumentar su capacidad de acción y brindar a los Estados una verdadera igualdad. O tal vez surgirán nuevas instituciones, nuevos acuerdos, que regularán las relaciones que tengan los Estados entre sí. Países como México, que han renunciado al uso de la fuerza en sus relaciones internacionales (y que no cuentan con armamento poderoso) deben participar en la conformación de ese nuevo derecho internacional o se verán sujetos a reglas en cuya creación no tuvieron ninguna injerencia.

Alfonso Vera Sánchez

Alfonso Vera Sánchez es Licenciado en Derecho por la UNAM, Maestro en Cooperación Internacional para el Desarrollo por el Instituto Mora, y ha trabajado en la Secretaría de Educación Pública, la Suprema Corte de Justicia de la Nación y la Secretaría de Relaciones Exteriores. Es miembro del Servicio Exterior Mexicano desde 2010, donde se ha desempeñado como Cónsul de Protección en Nogales, Cónsul de Documentación en Chicago y Director de Litigios en la Consultoría Jurídica de la SRE. Actualmente es Encargado de Asuntos Legales en la Embajada de México en Canadá.