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La noche del sábado quedó demostrada la enorme diferencia de nivel entre dos leyendas de los deportes de contacto. En el evento estelar de la cartelera de MVP MMA, transmitido en vivo de forma global a través de la plataforma de Netflix, Ronda Rousey derrotó de manera fulminante a Gina Carano en un combate que apenas duró 17 segundos sobre el octágono.

El enfrentamiento careció de total competitividad desde el primer instante en que sonó la campana de inicio. Rousey llevó a Carano directamente a la lona, liberó su cabeza con rapidez y comenzó a conectar golpes directos, para luego aprovechar la total exposición del brazo derecho de su oponente y ejecutar una brutal transición en el suelo.

Sin oponer mayor resistencia ante la inminente palanca, Carano decidió hacer el movimiento de rendición (tap out) para evitar una grave lesión articular, dándole a Rousey una victoria cómoda que celebró con una sonrisa en su vuelta olímpica. El resultado evidenció el peso de la inactividad de Carano tras 17 años alejada de las MMA profesionales, frente a una Rousey que, a pesar de su pausa de una década, demostró por qué fue campeona dominante de la UFC.

A pesar de la intensa campaña de promoción previa, la resolución tan abrupta provocó una ola de decepción y fuertes abucheos entre los espectadores presentes y virtuales. La afición expresó su frustración argumentando que el espectáculo principal resultó ser una decepción absoluta, dejando en el aire cuestionamientos sobre la disparidad de condiciones de ambas peleadoras.