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Los recientes ataques de los rebeldes hutíes contra infraestructura estratégica de Arabia Saudita y su avance en el estrecho de Bab el-Mandeb han puesto a prueba el Acuerdo de Defensa Conjunta de La Meca, firmado por Riad, Islamabad y Ankara. Ante el repliegue del respaldo militar de Estados Unidos en la región, este tratado de defensa mutua obliga a las naciones aliadas a responder colectivamente en caso de que el reino saudí invoque formalmente la asistencia militar de sus socios para repeler las agresiones.

El funcionamiento del pacto está inspirado en la estructura organizativa de la OTAN, por lo que una eventual intervención militar no sería automática, sino que requerirá de una petición explícita por parte del gobierno saudí. De concretarse la solicitud, la respuesta abarcaría desde el despliegue de tropas de combate pakistaníes en territorio saudí hasta la instalación de sistemas de defensa aérea de fabricación turca para blindar las instalaciones energéticas y urbanas.

A pesar de que el Ministerio de Defensa de Pakistán confirmó la efectividad del acuerdo ante cualquier agresión que amenace la estabilidad del reino, Riad no ha activado formalmente las cláusulas de cooperación defensiva. En su lugar, las autoridades saudíes y pakistaníes han intensificado los contactos diplomáticos de alto nivel con el gobierno de Irán para contener la escalada del conflicto antes de recurrir a una movilización militar colectiva en la zona.