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Miles de veladoras iluminaron este 2 de noviembre el panteón de San Andrés Mixquic, en la alcaldía Tláhuac, durante la tradicional Alumbrada, una de las expresiones más representativas del Día de Muertos en la Ciudad de México.

Al caer la noche, las familias se reunieron junto a las tumbas de sus seres queridos, previamente limpiadas y adornadas con flores de cempasúchil. Entre velas, copal, incienso, alimentos y oraciones, los habitantes mantuvieron vivo un ritual que simboliza el acompañamiento a las almas en su regreso al mundo de los vivos.

La ceremonia tiene un profundo significado para la comunidad: las veladoras representan la luz que guía a los difuntos para que encuentren el camino de regreso a casa. No se trata solamente de recordar a quienes murieron, sino de compartir simbólicamente con ellos una noche de convivencia familiar.

De acuerdo con la monografía de la alcaldía Tláhuac, la celebración forma parte de una tradición con raíces prehispánicas que combina elementos de las culturas originarias con prácticas religiosas introducidas durante la época colonial. San Andrés Mixquic, cuyo nombre significa “lugar de mezquites”, es uno de los siete pueblos originarios de la demarcación.

El conjunto de la parroquia y exconvento de San Andrés Apóstol, construido originalmente en el siglo XVI, también resguarda vestigios arqueológicos, entre ellos una representación de Mictecacíhuatl, deidad asociada con la muerte y el inframundo en la cosmovisión mexica.

La jornada de este año incluyó actividades culturales y expresiones tradicionales en las calles del pueblo. Sin embargo, el momento central volvió a ser el encuentro de las familias en el cementerio.

Con esta ceremonia, Mixquic mantiene una tradición transmitida entre generaciones y recuerda que, en el Día de Muertos, la memoria también se enciende: una vela a la vez.