Serbia protagonizó un vuelco político histórico después de que Aleksandar Vucic, figura dominante del país durante 12 años, reconociera su derrota legislativa ante la Lista de Estudiantes. Esta coalición opositora nació de las protestas universitarias contra la corrupción y el autoritarismo. El propio exmandatario admitió el revés al señalar que sus rivales obtendrán hasta 140 escaños, mientras que su partido se quedará en torno a los 105.
Las proyecciones del instituto Ipsos confirman esta debacle para el conservador Partido Progresista Serbio, que pierde la mayoría absoluta lograda en 2023. El golpe se acentuó porque el Partido Socialista, socio histórico del oficialismo, no alcanzó el 3 % de los votos y quedó fuera del Parlamento. Así, el nuevo mapa legislativo estará integrado casi en su totalidad por los estudiantes y el SNS, junto a minorías étnicas.
Pese a que Vucic dimitió como presidente en septiembre para buscar el puesto de primer ministro, sus pronósticos contrastaron con la reacción en las calles de Belgrado. Miles de personas abarrotaron la plaza Slavija y el Parque de los Pioneros, este último liberado tras meses de restricciones del oficialismo. La ciudadanía celebró la transición política con cánticos, bengalas y fuegos artificiales, marcando el fin de una prolongada hegemonía.
Aunque predominó el ambiente festivo en la capital serbia, también se registraron momentos de tensión entre algunos manifestantes y las fuerzas de seguridad. Varios ciudadanos increparon a los cordones policiales cuando los agentes despejaron avenidas bloqueadas y patearon vehículos oficiales en retirada. No obstante, estos incidentes aislados no empañaron la histórica celebración que simboliza un nuevo rumbo político en los Balcanes.













