Miles de manifestantes marcharon este jueves por las calles de París para protestar contra la falta de presupuesto educativo y el alza en el costo de vida. La movilización ocurrió a pesar de las restricciones impuestas por el gobierno francés, en un escenario marcado por la reciente ola de violencia que dejó saqueos, comercios destruidos e incendios en diversas localidades del país.
El presidente Emmanuel Macron defendió la suspensión de las marchas en ciudades como Lyon, Lille y Grenoble tras atribuir los desmanes del fin de semana a grupos de extrema izquierda y actos vandálicos. El mandatario instruyó a las autoridades policiales a denegar permisos a convocatorias sin representación legítima y a modificar las rutas de los sindicatos para resguardar los centros urbanos y edificios públicos.
El conflicto inició el mes pasado en un colegio de Créteil por la escasez de personal docente y la falta de insumos en los planteles. El malestar estudiantil escaló con rapidez hacia otros suburbios y sectores laborales, impulsado por el reclamo general sobre el encarecimiento de la vida y el rechazo a los sistemas de ingreso a la educación superior en vísperas del proceso electoral presidencial.
El gobierno galo alistó un amplio despliegue de seguridad con toques de queda nocturnos en zonas críticas ante la expectativa de nuevas protestas el fin de semana, cuando prevén la incorporación del movimiento de los chalecos amarillos. Mientras las autoridades locales mantienen las restricciones a las marchas, las organizaciones sindicales ya convocaron a un paro masivo para el próximo 5 de noviembre.











