Las fiscalías de Nueva York y Nueva Jersey exigen que la FIFA rinda cuentas sobre sus prácticas comerciales tras detectar posibles engaños en la venta de boletos para el Mundial 2026. La investigación busca determinar si la organización omitió información crucial sobre la calidad de los asientos vendidos a los fanáticos. Este proceso se suma a las advertencias previas realizadas en California sobre posibles tácticas de mercado desleales.
El punto de mayor conflicto reside en que muchos aficionados terminaron situados en zonas del estadio con peores condiciones de las esperadas. Las fiscales James y Davenport señalaron que la puesta a la venta de las entradas pudo haber contribuido a un aumento desmesurado de los costos, afectando el bolsillo de los consumidores. Por ello, se ha abierto un canal oficial para que los afectados presenten denuncias formales por fraude en sus respectivos estados.
En respuesta a las críticas, la FIFA argumentó que realiza ajustes de precios constantes para optimizar la asistencia y garantizar un valor de mercado justo. La organización sostiene que su estrategia de reventa y distribución refleja los estándares actuales de la industria del entretenimiento. Sin embargo, asociaciones como Football Supporters Europe han reaccionado con indignación, acusando a la entidad rectora del fútbol de traicionar la confianza de los seguidores.
Mientras el debate legal continúa, las cifras de ventas demuestran un interés masivo por la competición que se disputará en Norteamérica. Según datos oficiales, casi la mitad de las 7 millones de entradas ya han sido asignadas a compradores de todo el mundo. El gobierno federal, a través de declaraciones del presidente Trump, ha preferido enfocarse en el éxito rotundo de la taquilla, calificando el evento como un logro formidable.









