La presidenta Sheinbaum lo puso en números, esta semana, en su conferencia matutina: $2,500 millones de pesos semanales gasta el país en mantener el precio de la gasolina estable para no generar un repunte inflacionario debido al alza internacional en los precios del petróleo por el conflicto Estados Unidos-Irán. La soberanía energética tiene precio, y México lo está pagando caro, en efectivo, cada semana.
Lo que Brasil construyó en cincuenta años
En 1975, tras el primer shock petrolero, Brasil lanzó el Programa Nacional del Alcohol (Proálcool) como respuesta de Estado a su vulnerabilidad energética. Cinco décadas después, ese programa se convirtió en la industria de biocombustibles más importante del mundo en desarrollo. En 2024, Brasil produjo un récord de 36.8 mil millones de litros de etanol, un incremento de 4.4% respecto al año anterior. Estados Unidos y Brasil juntos producen el 80% del etanol del mundo. En Brasil, los biocombustibles representan el 25% de los combustibles del transporte, una proporción que sigue creciendo, y la industria redujo la dependencia del país de importaciones externas de energía.
El etanol no es solo un combustible alternativo. Es un activo estratégico. Se estima que la producción de etanol sustenta más de millón y medio de empleos directos e indirectos en Brasil. Y su industria tiene valor de mercado: el sector fue valuado en 21.7 mil millones de dólares en 2025 y se espera que alcance 33.7 mil millones en 2032.
El encuentro que importa
El pasado 24 de abril, la presidenta Sheinbaum se reunió en Palacio Nacional con Magda Chambriard, directora de Petrobras, acompañada por la secretaria de Energía, Luz Elena González, y el director de Pemex, Víctor Rodríguez. El objetivo fue establecer una colaboración en exploración, producción y transformación de petróleo, así como en producción de biodiésel. Un equipo técnico de Petrobras visitará México el 13 de mayo para avanzar en acuerdos de colaboración, con el objetivo de intercambiar metodologías en extracción de petróleo y desarrollo de biocombustibles, rubros en los que Petrobras cuenta con experiencia y patentes relevantes.
Las energías limpias continúan vigentes a pesar de Trump
El conflicto con Irán demostró que el obituario de las energías limpias era prematuro. La transición energética no es solo un asunto ambiental: es un asunto de geopolítica, de seguridad nacional y de soberanía económica.
Francia lo entendió hace décadas: en 2024 el 67.3% de su electricidad provino de energía nuclear lo que la convierte en uno de los países industrializados con mayor independencia respecto a los vaivenes del petróleo. El camino puede ser diferente para cada país, pero el principio es el mismo: quien diversifica su matriz, reduce su exposición.
El caso más sorprendente lo protagoniza Uruguay, un país de 3.5 millones de habitantes sin petróleo propio. En 2024, Uruguay alcanzó un récord histórico con el 99% de su matriz eléctrica proveniente de fuentes renovables, con hidroelectricidad, eólica y biomasa como pilares. Ese resultado no fue un milagro geográfico: fue una decisión de política pública tomada en 2008, con un plan de largo plazo y continuidad de Estado independientemente de qué partido gobernara.
Lo que México puede hacer
México tiene lo que Brasil tenía en 1975: territorio agrícola, caña de azúcar, maíz, sorgo y una agroindustria con capacidad ociosa. Tiene también algo que Brasil no tenía entonces: el ejemplo de quien ya lo hizo y está dispuesto a compartir la tecnología.
La alianza con Petrobras puede ser el inicio de algo real si se entiende lo que está en juego: no solo reducir la factura de importación, sino construir una industria que le dé al país margen de maniobra cuando el mundo está en conflicto.
La energía limpia no está muerta. Solo necesitaba que un conflicto en el Golfo Pérsico le recordara al mundo su importancia y su peso. Para México, la pregunta no es si debe diversificar su matriz energética. La pregunta es cuánto más tiempo puede darse el lujo de no hacerlo.







