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En el primer viaje de un pontífice al principado desde 1538, el Papa instó a la comunidad monegasca a rechazar el aborto y la eutanasia, elogiando la postura del Príncipe Alberto frente al laicismo europeo.

El Papa León XIV hizo este sábado una visita relámpago de un día al Principado de Mónaco, marcando un hito diplomático al ser el primer sucesor de Pedro en pisar el lujoso enclave mediterráneo en 488 años. Recibido con honores de Estado por el Príncipe Alberto y la Princesa Charlene (quien ejerció el protocolario «privilège du blanc»), el Pontífice aterrizó en un helipuerto rodeado de los yates más costosos del mundo para lanzar un mensaje de humildad y responsabilidad social.

Desde el balcón del palacio real, León XIV acuñó el término «don de la pequeñez», exhortando a los 38 mil residentes del principado a utilizar su enorme riqueza e influencia global para promover la paz y proteger la vida «desde la concepción hasta la muerte natural». Estas palabras resuenan con fuerza tras la reciente decisión del Príncipe Alberto de rechazar la legalización del aborto en Mónaco, manteniendo al catolicismo como religión oficial del Estado frente a la presión de los países vecinos.

La jornada incluyó una reunión con la comunidad católica en la Catedral de Mónaco y culminó con una misa multitudinaria en el estadio deportivo del principado. El Papa advirtió que, en un momento histórico dominado por la «lógica de la opresión», los paraísos económicos como Mónaco tienen el deber moral de ser faros de fe y defensores de los más vulnerables en un continente cada vez más alejado de la doctrina cristiana.