Doce dólares. Eso llevaban Manuel y María Teresa cuando llegaron a California, según recordó su hijo, Xavier Becerra, al ganar la gubernatura. En Texas, los republicanos gastaron más de 316 millones de dólares para conservar un escaño en el Senado federal, según Reuters. Lo perdieron. Las dos cifras cuentan historias distintas de una misma elección. Una habla de lo que cuesta empezar de nuevo. La otra, de cuánto están dispuestos a gastar quienes quieren conservar el poder. El 3 de noviembre, la decisión la tomaron los votantes.
James Talarico derrotó al republicano Ken Paxton y puso fin a 38 años sin un triunfo demócrata en una elección al Senado por Texas. Él mismo recaudó sumas récord. La diferencia es que, aun con el respaldo de grandes fortunas y de Donald Trump, Paxton perdió. En su discurso de victoria, Talarico recurrió a David y Goliat, cuestionó a los grandes donantes y habló de reunir a la gente frente a una política que vive de dividirla. A quienes creen que financiar una campaña les da derecho a decidir por los demás, les respondió. «En este estado, en este país, el poder le pertenece al pueblo».
Los votantes de Texas ejercieron ese poder en tres contiendas. Gina Hinojosa, de origen mexicano, derrotó al gobernador Greg Abbott y será la primera gobernadora latina del estado. En el sur, Bobby Pulido desbancó a Mónica de la Cruz en el Distrito 15, que Trump había ganado por 18 puntos en 2024. Pulido recordó las bodas y quinceañeras en las que sonó su música y prometió trabajar también para quienes votaron por su rival. El voto latino, que los republicanos creían haber afianzado en el valle del Río Grande, volvió a cambiar de rumbo.
En Georgia, la disputa por quién puede gobernar tuvo nombres y apellidos. Keisha Lance Bottoms, exalcaldesa de Atlanta, derrotó al empresario multimillonario Rick Jackson y se convirtió en la primera mujer afrodescendiente elegida gobernadora en la historia de Estados Unidos. En Nuevo México, Deb Haaland, del Pueblo de Laguna, será la primera mujer indígena en gobernar un estado del país. Su triunfo y el de Peggy Flanagan, elegida por Minnesota como la primera mujer indígena en llegar al Senado federal, abren espacios desde los que se toman decisiones sobre comunidades que durante generaciones tuvieron escasa voz en ellas.
Míchigan eligió a Abdul El-Sayed, el primer musulmán que ocupará un escaño en el Senado estadounidense. Trump llegó a poner en duda la pertenencia al país de un hombre nacido en Míchigan. En Nuevo Hampshire, Chris Pappas será el primer hombre abiertamente gay en esa cámara. Son trayectorias distintas. Lo que las reúne es la decisión de electorados que ampliaron, con su voto, la idea de quién puede hablar y decidir en su nombre.
En California, Becerra derrotó a Steve Hilton y será el primer gobernador latino del estado desde 1875. Su madre nació en México. Su padre nació en Sacramento, creció en México y regresó a California. Esa historia adquiere otro sentido cuando el presidente lleva años haciendo de las familias migrantes un blanco político.
El golpe a Trump fue más allá de estos triunfos. Los demócratas recuperaron ambas cámaras del Congreso, según Associated Press y Reuters. En Kansas, Adam Hamilton derrotó al republicano Roger Marshall y puso fin a 94 años sin una victoria demócrata al Senado por ese estado.
Trump prometió aliviar el costo de vida. Desde que comenzó la guerra con Irán, en febrero, se encarecieron el diésel y los fertilizantes. Los aranceles encarecieron algunos insumos y la disputa comercial con China complicó la venta de cosechas. Para un agricultor de Kansas, el golpe llega dos veces. Paga más para producir y encuentra menos compradores cuando necesita vender. Preguntar si a Trump lo desgastó la economía o la guerra separa dos cosas que muchas familias viven juntas. Según el sondeo electoral de SSRS citado por Reuters, casi nueve de cada diez votantes consideraron el costo de vida un factor importante o decisivo para su voto.
En México, El Financiero registró en octubre 69 por ciento de aprobación para Claudia Sheinbaum. Entre los votantes estadounidenses, el sondeo preliminar de AP situó a Trump en 38 por ciento. Son poblaciones distintas. El resultado estadounidense muestra cómo el desgaste presidencial puede pasar de la encuesta a la boleta y de la boleta al Congreso. Desde enero, la nueva mayoría podrá investigar el uso de recursos federales, disputar las prioridades del gasto y, desde el Senado, frenar nombramientos. Trump conserva el veto. En ese mismo sondeo, siete de cada diez votantes dijeron que el Congreso había hecho demasiado poco para ponerle límites al presidente. Ese reclamo pesa ahora sobre quienes prometieron devolverle voz a la gente.
Trump hizo del odio contra los migrantes una bandera política y terminó pidiendo paciencia a las familias a las que había prometido alivio. Los electores hicieron sus cuentas y la factura llegó a las urnas. La derrota republicana en ambas cámaras es también la derrota de Trump. Los multimillonarios pudieron pagar para que su candidato apareciera una y otra vez en pantalla. La última palabra la tuvo la gente.














