Una red de jóvenes estudiantes y exalumnos de secundaria en el oeste de Phoenix, identificados como «Los Chicos Phoenix», opera en la compra, robo y reventa clandestina de armas de fuego hacia organizaciones criminales en México. Una investigación publicada por The New York Times detalla que adolescentes de entre 16 y 19 años consiguen pistolas y rifles de alto calibre mediante adquisiciones legales, hurtos a familiares y transacciones coordinadas a través de aplicaciones de mensajería como WhatsApp y Telegram.
Los cuatro jóvenes entrevistados bajo anonimato señalaron que su principal motivación responde a la búsqueda de dinero rápido, estatus y sentido de pertenencia, admitiendo que carecen de lealtad hacia un cártel específico. Uno de los operadores, un joven de 18 años identificado como JM, indicó que coordina a decenas de estudiantes de al menos 20 escuelas secundarias, estimando que la mayor parte del armamento traficado termina en manos del Cártel de Sinaloa.
Exfuncionarios y agentes federales estadounidenses, como AJ Gibes de la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF), explicaron que las organizaciones criminales mexicanas recurren sistemáticamente a menores de edad y adultos jóvenes en estados fronterizos como Arizona debido a su vulnerabilidad y cercanía geográfica. Datos de la propia agencia federal revelan que, entre 2017 y 2021, cerca de un tercio de los traficantes investigados tenía menos de 25 años y un cinco por ciento no alcanzaba la mayoría de edad.
El modelo de negocio se sostiene mediante una cadena de intermediarios para mantener distancia entre los mandos del cártel y el armamento ilícito. Las ganancias económicas resultan significativas para los menores; una pistola Beretta de 9 milímetros adquirida legalmente por 700 dólares puede duplicar su precio de reventa, mientras que traficantes como «El Flaco», quien comenzó a operar a los 14 años, reconocieron percibir ingresos mensuales de hasta cinco mil dólares.












