Una investigación de Associated Press (AP) reveló que militares estadounidenses heridos en un ataque con drones iraníes el pasado 1 de marzo en Kuwait enfrentan un sistema médico deficiente, falta de reconocimiento de sus lesiones y trámites burocráticos que obstaculizan su recuperación. El atentado, ocurrido en el segundo día de la guerra entre Estados Unidos e Irán en el puerto de Shuaiba, cobró la vida de seis soldados dedicados al suministro logístico.
De acuerdo con testimonios recabados por AP, nueve militares en activo relataron que debieron luchar por su cuenta para recibir tratamiento adecuado. Entre los afectados se encuentra el teniente coronel Arturo Lincón, quien sufrió heridas graves de metralla en la mandíbula y la nuca, las cuales perforaron una arteria e incrustaron fragmentos en una vértebra. A pesar del riesgo de un derrame cerebral, el Ejército no lo ingresó en el Centro Médico Regional de Landstuhl, en Alemania, sino que lo envió a un cuartel para recibir atención ambulatoria y días sin analgésicos, según detalló AP.
Casos similares fueron documentados por AP, como el del mayor Stephen Ramsbottom, quien esperó más de cuatro meses por los resultados de una resonancia magnética, y el del suboficial mayor Rodney Bearman, evacuado en condiciones precarias en un avión de carga y afectado por errores de codificación que impidieron su registro inicial como herido en combate. Los soldados también señalaron a AP que los mandos estaban enfocados en la defensa antimisiles y carecían de preparación frente a la guerra con drones, mientras que el Pentágono y el Ejército declinaron hacer comentarios sobre el reportaje.












