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La Fuerza Aérea de Estados Unidos protagonizó una de las operaciones de rescate más complejas de su historia militar tras el derribo de un F-15E en territorio iraní. El copiloto de la aeronave, identificado bajo el indicativo «Bravo», sobrevivió durante poco más dos días con múltiples fracturas en una zona montañosa del desierto, evadiendo a fuerzas terrestres que llegaron a estar a pocos metros de su posición.

El incidente se produjo el pasado 2 de abril cerca de Isfahán, cuando un misil portátil iraní impactó contra el caza estadounidense de 30 millones de dólares. Tras una caída libre agravada por los daños en su paracaídas, Bravo aterrizó bruscamente y escaló una cresta de 7 mil pies a pesar de tener la espalda, un brazo y un hombro rotos. Mientras su compañero Alpha fue rescatado en una primera incursión diurna que derivó en un intenso tiroteo, Bravo permaneció oculto 24 horas adicionales.

Según un reporte periodístico del programa estadounidense 60 Minutos, el operativo requirió el despliegue de más de 90 militares estadounidenses en suelo iraní —los primeros en 46 años—, respaldados por campañas de engaño de la CIA y ataques aéreos de cobertura.

Tras ser evacuado al amanecer del Domingo de Pascua, las fuerzas estadounidenses destruyeron los aviones varados en la pista improvisada del desierto para evitar la captura de tecnología militar clasificada, cerrando una misión calificada por mandos del Pentágono como un testimonio de la promesa de no dejar a nadie atrás.