Miles de manifestantes se congregaron en las calles de Liubliana para expresar su rechazo ante la inauguración de la primera embajada de Israel en territorio esloveno. La movilización ciudadana exigió el cierre inmediato de la sede diplomática, evidenciando un profundo descontento social hacia el viraje en la política exterior impulsado por el primer ministro Janez Janša, cuyo gobierno ha buscado un estrechamiento de relaciones bilaterales con el Estado israelí.
La concentración ciudadana reflejó la polarización política que atraviesa el país centroeuropeo en torno a su posición en el escenario internacional. Los manifestantes señalaron que la apertura del recinto representa un quiebre en la postura histórica de Eslovenia respecto al conflicto en Medio Oriente, criticando que el gobierno de Janša priorice alianzas estratégicas con Tel Aviv en detrimento del consenso parlamentario y la tradición diplomática de la nación.
La jornada de protesta transcurrió entre consignas contra la representación diplomática y reclamos hacia el Poder Ejecutivo para que reevalúe sus compromisos internacionales. La presión ejercida por los colectivos sociales busca forzar un debate en la asamblea nacional para revisar el estatus de la misión diplomática israelí y frenar el distanciamiento con la línea multilateralista que tradicionalmente ha caracterizado a la política exterior de la Unión Europea.









