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Un ataque ejecutado por el Mando Central de Estados Unidos (Centcom) contra el petrolero Riesco provocó un vertido de crudo que ha generado una mancha de petróleo de 400 kilómetros cuadrados en las aguas del estrecho de Ormuz. La marea negra avanza rápidamente debido a las corrientes marítimas de la zona, poniendo en situación de alerta ambiental a las autoridades de la región ante el inminente impacto sobre las costas de Irán y Omán.

El desastre ecológico amenaza directamente a ecosistemas protegidos, reservas marinas y arrecifes de coral clave para la biodiversidad del golfo Pérsico y el mar de Omán. Asimismo, expertos en gestión ambiental han advertido que la contaminación de las aguas pone en grave riesgo las plantas desalinizadoras que abastecen de agua potable a millones de habitantes en las zonas costeras aledañas, lo que podría desencadenar una severa crisis de suministro hídrico en los próximos días.

El incidente ocurre en un momento de máxima tensión estratégica en el pasaje marítimo, por donde circula una fracción fundamental del comercio energético global. La magnitud de la contaminación por hidrocarburos ha movilizado a equipos internacionales de emergencia, mientras los gobiernos locales intentan desplegar barreras de contención para proteger las áreas naturales vulnerables y la infraestructura crítica antes de que el crudo alcance la línea costera.