La Organización de las Naciones Unidas inició formalmente el proceso para elegir a la persona que sustituirá a António Guterres al frente de la Secretaría General, cuando concluya su segundo mandato el 31 de diciembre de 2026.
La persona elegida asumirá el cargo el 1 de enero de 2027 y enfrentará una agenda marcada por conflictos armados, tensiones entre potencias, crisis humanitarias, cambio climático y cuestionamientos sobre la capacidad del organismo para responder a los desafíos globales.
Hasta ahora, la ONU ha publicado seis candidaturas formalmente presentadas: el argentino Rafael Grossi, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica; la costarricense Rebeca Grynspan, secretaria general de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo; el expresidente de Senegal Macky Sall; la ecuatoriana María Fernanda Espinosa; y la guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett.
La lista también incluyó inicialmente a la expresidenta de Chile Michelle Bachelet, cuya candidatura fue presentada por Chile, Brasil y México en febrero. Sin embargo, Naciones Unidas registra que Chile retiró formalmente su nominación el 25 de marzo, por lo que ya no forma parte de la contienda.
La presencia de varias figuras latinoamericanas coloca nuevamente a la región en el centro de la disputa por uno de los cargos diplomáticos más importantes del mundo. Grossi llega con experiencia en seguridad nuclear y manejo de crisis internacionales; Grynspan cuenta con una trayectoria en desarrollo económico y cooperación multilateral; mientras Espinosa fue presidenta de la Asamblea General de la ONU.
Los aspirantes han participado en diálogos públicos con Estados miembros y representantes de la sociedad civil, en los que exponen sus propuestas sobre la reforma de Naciones Unidas, la seguridad internacional, el desarrollo y los derechos humanos.
Sin embargo, la decisión final no depende de una elección directa. El Consejo de Seguridad deberá recomendar a una candidatura y, posteriormente, la Asamblea General realizará el nombramiento. Los cinco miembros permanentes —China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Rusia— conservan el poder de veto, por lo que el consenso entre las principales potencias será determinante.
La sucesión de Guterres también reaviva el debate sobre la posibilidad de que una mujer encabece por primera vez la ONU. En sus ocho décadas de historia, el organismo nunca ha tenido una secretaria general, pese a los llamados de distintos gobiernos y organizaciones para que la equidad de género tenga un peso decisivo en la selección.
Durante los próximos meses, las candidaturas deberán ampliar apoyos y demostrar capacidad para construir acuerdos en un escenario internacional cada vez más fragmentado. La carrera ya comenzó, pero la definición dependerá tanto de la experiencia de los aspirantes como de las negociaciones que se desarrollen dentro del Consejo de Seguridad.













