Publicidad

Estados Unidos intensificó su ofensiva económica contra Irán al imponer nuevas sanciones contra empresas, operadores financieros y redes internacionales acusadas de ayudar al régimen iraní a evadir restricciones económicas y financiar sus actividades estratégicas.

Las medidas anunciadas por el Departamento del Tesoro estadounidense forman parte de una campaña sostenida para debilitar la infraestructura financiera utilizada por Teherán para mantener el flujo de recursos hacia sectores considerados prioritarios por Washington, entre ellos sus programas militares y sus redes económicas en el extranjero.

Las sanciones alcanzan a compañías y personas vinculadas con Babak Zanjani, uno de los empresarios iraníes más polémicos de las últimas décadas y señalado desde hace años por Estados Unidos por facilitar operaciones destinadas a eludir las restricciones internacionales impuestas contra Irán. De acuerdo con el Tesoro estadounidense, la red utilizó conglomerados empresariales, plataformas de activos digitales y compañías establecidas fuera del territorio iraní para movilizar recursos financieros en beneficio del gobierno iraní.

La decisión se produce en un momento de creciente tensión entre Washington y Teherán. Apenas en las últimas semanas, el gobierno estadounidense ha sancionado a operadores financieros vinculados al líder supremo iraní, Mojtaba Khamenei, así como a redes relacionadas con la adquisición de armamento y el transporte internacional de petróleo iraní.

Para la administración estadounidense, estas estructuras financieras constituyen uno de los principales mecanismos utilizados por Irán para sortear las sanciones internacionales y sostener parte de sus operaciones económicas en el exterior. El Departamento del Tesoro ha advertido que continuará persiguiendo tanto los esquemas tradicionales de evasión de sanciones como el uso de activos digitales y empresas fachada para ocultar transacciones internacionales.

Las nuevas medidas reflejan una estrategia más amplia de presión económica que busca aislar al régimen iraní del sistema financiero internacional en medio de las preocupaciones estadounidenses sobre su programa nuclear, su capacidad militar y su influencia regional.

La ofensiva financiera de Washington confirma que la disputa entre ambos países ya no se libra únicamente en el terreno diplomático o militar, sino también en el control de las redes económicas que sostienen el poder iraní.