Una técnica que utiliza ondas sonoras para modificar la actividad de zonas profundas del cerebro comienza a generar resultados prometedores en el tratamiento de las adicciones, aunque los investigadores advierten que todavía se encuentra en una etapa experimental y requiere estudios más amplios antes de considerarse una terapia establecida.
El procedimiento es desarrollado por investigadores de la Universidad de Virginia Occidental, en Estados Unidos, y utiliza ultrasonido focalizado de baja intensidad para estimular una región cerebral conocida como núcleo accumbens, relacionada con el sistema de recompensa, la motivación y el deseo de consumir sustancias.
A diferencia de la estimulación cerebral profunda, que requiere una cirugía para colocar electrodos dentro del cerebro, el ultrasonido puede atravesar el cráneo sin necesidad de abrirlo. El paciente permanece dentro de un equipo de resonancia magnética mientras los investigadores dirigen las ondas hacia el área seleccionada. El procedimiento puede durar alrededor de 20 minutos.
El interés por esta tecnología aumentó después de los primeros ensayos realizados por el equipo encabezado por el neurocirujano Ali Rezai. En un estudio publicado en 2025, ocho personas con trastorno grave por consumo de opioides recibieron una sesión de ultrasonido dirigida a ambos núcleos accumbens y fueron monitoreadas durante 90 días.
Los resultados fueron llamativos: los participantes registraron una reducción promedio de 91% en el deseo provocado por estímulos relacionados con las drogas. Además, siete permanecieron abstinentes a los 30 días y cinco continuaron sin consumir durante los 90 días de seguimiento. No se observaron efectos adversos graves relacionados con el dispositivo.
El trabajo también encontró modificaciones en la conectividad entre el núcleo accumbens y otras regiones cerebrales relacionadas con la recompensa y el control cognitivo. La hipótesis de los investigadores es que la estimulación podría alterar temporalmente los circuitos que mantienen el deseo compulsivo de consumir.
La experiencia de Erin McNulty, una mujer con una larga historia de consumo de metanfetamina, es uno de los casos descritos por WIRED. Después de recibir el tratamiento real, reportó una disminución marcada de sus deseos de consumir y posteriormente continuó con un programa de rehabilitación. El equipo señala que ha aplicado el procedimiento a 47 personas con trastornos por consumo de sustancias y que los resultados preliminares muestran reducciones importantes en el deseo y en pruebas de consumo.
Sin embargo, los resultados todavía no permiten hablar de una cura para las adicciones. Los estudios disponibles tienen pocos participantes y algunos no cuentan con un grupo de control. Una investigación piloto anterior, por ejemplo, incluyó solamente a cuatro personas y concluyó que se necesitan ensayos controlados para determinar si la reducción del deseo se traduce en menor consumo y menos recaídas.
Los propios investigadores reconocen además que todavía no existe un protocolo estandarizado sobre la intensidad y frecuencia de las ondas. También se desconoce cuánto tiempo pueden durar sus efectos y si algunos pacientes necesitarán nuevas sesiones.
Por ahora, el ultrasonido focalizado representa una posible herramienta adicional, no un sustituto de los tratamientos existentes. Los especialistas señalan que la recuperación también requiere terapia, seguimiento médico y apoyo social. La tecnología busca intervenir directamente en los circuitos cerebrales de la adicción, pero todavía tendrá que superar varias etapas de investigación antes de convertirse en un tratamiento de uso generalizado.











