El gobierno de Corea del Sur volvió a llamar a Corea del Norte a retomar el diálogo para reducir las tensiones en la península, pero la propuesta llega en un momento de creciente confrontación militar y pocas señales de que Pyongyang esté dispuesto a responder.
El presidente surcoreano, Lee Jae Myung, mantiene su apuesta por una política de coexistencia pacífica con el Norte y plantea avanzar hacia un régimen de paz que sustituya al armisticio vigente desde el final de la Guerra de Corea, en 1953. También ha defendido que cualquier acercamiento debe contemplar la reducción de las tensiones y mecanismos para evitar una escalada militar.
La posición de Seúl contrasta con la postura adoptada por el gobierno de Kim Jong Un, que ha rechazado los esfuerzos de acercamiento y ha definido a Corea del Sur como un Estado hostil. Pyongyang también ha descartado las iniciativas relacionadas con una eventual reunificación y continúa fortaleciendo sus capacidades militares y nucleares.
El momento elegido para el llamado de Lee es particularmente delicado. Corea del Sur y Estados Unidos tienen previsto iniciar el 17 de agosto el ejercicio militar conjunto Ulchi Freedom Shield, que se extenderá hasta el día 27. Los aliados sostienen que se trata de maniobras defensivas para mejorar su capacidad de respuesta ante posibles amenazas.
Para Pyongyang, en cambio, estos ejercicios representan una provocación. Corea del Norte ya lanzó un misil balístico el 11 de agosto, apenas unos días antes del inicio de las maniobras. El proyectil recorrió alrededor de 700 kilómetros antes de caer en aguas del mar de Japón, según autoridades surcoreanas y japonesas.
La situación refleja el principal obstáculo para la estrategia de Lee: Seúl busca abrir canales diplomáticos mientras Pyongyang refuerza su postura militar. El gobierno surcoreano ha insistido en que no pretende imponer una reunificación mediante la absorción del Norte y que su prioridad inmediata es reducir el riesgo de un conflicto.
El desafío, sin embargo, es conseguir que esa propuesta encuentre respuesta en Pyongyang. Desde el colapso de las negociaciones entre Corea del Norte y Estados Unidos en 2019, el régimen de Kim ha concentrado sus esfuerzos en desarrollar su arsenal nuclear y de misiles, al tiempo que estrecha sus vínculos con Rusia y China.
Así, el llamado de Seúl ocurre en medio de una paradoja: mientras Corea del Sur intenta recuperar la diplomacia, la actividad militar vuelve a marcar el ritmo de la relación entre las dos Coreas.











