Publicidad

Ante las crecientes tensiones militares entre Estados Unidos e Irán, un hecho operativo sin precedentes llamó la atención internacional luego de que el presidente Donald Trump abordara el antiguo Air Force One para su traslado desde Ankara, Turquía, en lugar de utilizar el nuevo Boeing 747-8 donado por Catar.

Esta decisión generó cuestionamientos inmediatos en Washington sobre si la nueva aeronave presidencial, cuya entrega rápida fue presionada por el propio mandatario, cuenta con los sistemas de protección necesarios. Varios legisladores y funcionarios de seguridad expresaron su preocupación respecto a si el ajustado plazo de entrega del último año afectó la incorporación de blindaje electromagnético, sistemas avanzados de defensa antimisiles y otras modificaciones críticas de seguridad.

Casa Blanca defiende los protocolos de seguridad

Frente a las dudas, la Oficina de Prensa de la Casa Blanca emitió un pronunciamiento para calmar las alertas en el Congreso.

“El nuevo Air Force One es un avión de última generación que ha sido equipado con protocolos de seguridad de alto nivel que garantizan la seguridad del presidente y de su equipo”, afirmó Steven Cheung, director de comunicación de la sede presidencial.

Horas antes del vuelo, el propio Donald Trump había reconocido públicamente que él y su entorno representan uno de los objetivos prioritarios de las amenazas iraníes. Sin embargo, el miércoles por la mañana, minimizó la controversia en redes sociales explicando que volaría en el avión antiguo «por los viejos tiempos», permitiendo que el jet nuevo fuera enviado directamente a la base aérea de Mildenhall, en Inglaterra, para dar a las tropas estadounidenses la oportunidad de conocer la moderna aeronave. El mandatario aterrizó en dicha base a última hora del miércoles, donde finalmente transbordó al nuevo Boeing 747-8 para concretar su retorno a Washington.