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La administración del presidente Donald Trump prepara una nueva ronda de ataques militares contra Irán, mientras se agota el plazo de las negociaciones diplomáticas. Aunque hasta el viernes por la tarde no se había tomado una decisión definitiva, la urgencia provocó que el mandatario cancelara su asistencia a la boda de su hijo, Donald Trump Jr., y su viaje de fin de semana a Nueva Jersey, ordenando su regreso inmediato a la Casa Blanca.

Ante la previsión de una ofensiva, miembros del Ejército y de la comunidad de inteligencia de Estados Unidos suspendieron sus descansos del fin de semana del Memorial Day. Paralelamente, el Pentágono actualiza las listas de movilización en el extranjero y rota tropas en Oriente Medio para proteger sus instalaciones ante posibles represalias. Esto ocurre a pesar de que ambas naciones mantenían un alto el fuego temporal desde principios de abril.

La portavoz de la Casa Blanca, Anna Kelly, reiteró las líneas rojas de Trump: «Irán nunca podrá poseer un arma nuclear». Por su parte, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán advirtió que responderá con «golpes demoledores» que podrían extender el conflicto más allá de la región.

Teherán analiza la última propuesta estadounidense —considerada una oferta final— transmitida el miércoles mediante Pakistán, la cual otorgaba «un par de días» para responder antes de reanudar las acciones bélicas. El secretario de Estado, Marco Rubio, antes de partir a la India, confirmó que Trump prefiere la diplomacia, pero reveló que durante las reuniones de la OTAN en Suecia se coordinó un «Plan B» para reabrir por la fuerza militar el Estrecho de Ormuz si las conversaciones fracasan. En Washington, los republicanos de la Cámara de Representantes frenaron un intento de limitar las facultades de guerra del presidente, dejándole el camino libre para actuar.