La administración de Donald Trump decidió no oponerse a las nuevas medidas anunciadas por Reino Unido contra los asentamientos israelíes en Cisjordania, una postura que marca un contraste con el tradicional respaldo de Washington al gobierno de Israel.
De acuerdo con Axios, el primer ministro británico, Andy Burnham, informó previamente a Trump sobre las sanciones. La Casa Blanca no intentó frenarlas y el secretario de Estado, Marco Rubio, evitó condenar públicamente la decisión cuando fue cuestionado por periodistas.
El gobierno británico anunció la prohibición de importar productos provenientes de asentamientos israelíes en Cisjordania y nuevas facultades para sancionar a personas y empresas que apoyen, faciliten o se beneficien de su expansión. También prohibirá en Reino Unido la promoción de propiedades ubicadas en esos asentamientos.
Londres justificó las medidas por el incremento de la violencia de colonos y la expansión de asentamientos, particularmente el proyecto E1, que según el gobierno británico amenaza la posibilidad de establecer un Estado palestino territorialmente viable. Reino Unido, junto con otros 11 países, reafirmó su respaldo a una solución de dos Estados.
La reacción de Washington, sin embargo, no significa que Estados Unidos se haya sumado a las sanciones. Reuters reportó que Rubio advirtió sobre posibles efectos desestabilizadores en Cisjordania y confirmó que Estados Unidos no bloqueará las importaciones procedentes de asentamientos israelíes.
La decisión británica también provocó una respuesta de Israel, que anunció el cierre del consulado británico en Jerusalén Este y restricciones de entrada para varios funcionarios británicos.
El episodio refleja un nuevo punto de tensión entre Israel y algunos de sus principales aliados occidentales, mientras el gobierno de Trump mantiene una posición distinta y evita, por ahora, confrontar directamente a Londres por las sanciones.









