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Un ataque con cerca de 20 misiles balísticos lanzados por Irán contra la Base Aérea Al-Azraq en Jordania, enclave utilizado por las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, provocó una respuesta defensiva de alta intensidad mediante la activación de sistemas Patriot. De acuerdo con análisis de inteligencia de fuentes abiertas (OSINT), las baterías estadounidenses lanzaron entre 60 y más de 100 interceptores PAC-3 MSE para neutralizar la amenaza, la cual incluyó proyectiles equipados con ojivas de munición de racimo que dispersaron submuniciones en el aire.

El despliegue defensivo genera una fuerte preocupación presupuestaria e industrial para Washington. Con un costo unitario estimado entre los 4 y 5 millones de dólares por cada proyectil PAC-3 MSE, el gasto operativo de la respuesta militar oscila entre los 240 y 500 millones de dólares consumidos en cuestión de minutos. La doctrina militar del Pentágono, que establece el lanzamiento de dos a cuatro interceptores por cada misil balístico entrante, se vio forzada a multiplicar sus disparos debido a la naturaleza fragmentaria de las ojivas utilizadas por las fuerzas iraníes.

El episodio pone en evidencia el acelerado desgaste del inventario estratégico de misiles interceptores de Estados Unidos en la región de Oriente Medio. Analistas de defensa advierten que la capacidad de producción industrial de Lockheed Martin y la base manufacturera de defensa estadounidense no logran reponer el ritmo de consumo actual, lo que plantea un desafío severo para la sostenibilidad de las operaciones de seguridad y defensa aérea a largo plazo.