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La administración de Donald Trump ha bloqueado el desarrollo de aproximadamente 165 proyectos de energía eólica terrestre en terrenos privados, citando preocupaciones de seguridad nacional. Según un reporte del Financial Times, el Pentágono ha detenido los procesos de aprobación alegando que las turbinas podrían causar interferencias críticas en los sistemas de radar militares.

Los promotores de energía limpia han denunciado una parálisis administrativa sistemática. Entre los contratiempos reportados destacan la cancelación de reuniones sin previo aviso, la falta de comunicación oficial y la suspensión definitiva del trámite de solicitudes. A principios de abril, diversas cartas enviadas por el Pentágono notificaron que se están revisando los protocolos de evaluación para medir el impacto de la infraestructura energética en la defensa del país.

Esta ofensiva contra el sector eólico no es nueva; el presidente Trump ha criticado abiertamente las turbinas, calificándolas de «feas, caras e ineficientes». Anteriormente, su administración ya enfrentó demandas judiciales por paralizar proyectos bajo argumentos de riesgos clasificados. Con estas nuevas restricciones, el futuro de la transición energética en Estados Unidos enfrenta una barrera política y burocrática que amenaza miles de millones de dólares en inversión privada.