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El activista brasileño Tiago de Ávila compareció ante un tribunal israelí con los tobillos esposados, luego de que el Tribunal de Magistrados de Ashkelon decidiera extender la detención de él y del activista palestino-español Saif Abu Kishk. Ambos fueron interceptados en alta mar cerca de Creta a bordo de la Flotilla Global Sumud con destino a Gaza.

Las autoridades de Israel impusieron la medida bajo sospecha de pertenencia a una organización terrorista y contacto con un agente extranjero. Mientras Israel justifica la captura por el bloqueo naval, la defensa rechaza tajantemente los cargos y denuncia violencia y condiciones coercitivas. Por su parte, los gobiernos de Brasil y España han calificado la detención como ilegítima, exigiendo respeto a los derechos humanos de los activistas, quienes aseguran que su misión era puramente humanitaria.