La Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU) dio inicio en Nueva York bajo un escenario de profunda tensión global, marcado por la confrontación diplomática, el rechazo a los organismos multilaterales y la crisis de liderazgo internacional.
El arranque del debate de alto nivel estuvo precedido por movimientos políticos inesperados, como la visita conjunta que Donald Trump y el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, realizaron al alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, para discutir temas de vivienda e inmigración. En tanto, la presencia de Delcy Rodríguez en la cumbre —con reuniones programadas con António Guterres y el propio mandatario estadounidense— se da a escasos kilómetros del centro de detención donde permanece encarcelado Nicolás Maduro.
En el centro de la controversia se encuentra la ofensiva de la Casa Blanca contra la arquitectura multilateral. Washington prepara sanciones financieras severas contra la Corte Penal Internacional (CPI) con el fin de frenar investigaciones sobre crímenes de guerra y las órdenes de arresto emitidas contra Benjamin Netanyahu. Esta postura contrasta con las denuncias de diversas voces críticas, como el senador Bernie Sanders y el canciller de Sudáfrica, quienes cuestionaron las acciones del gobierno estadounidense en foros paralelos.
Trump se presenta ante la Asamblea con los niveles de popularidad más bajos de su mandato a nivel nacional y un fuerte rechazo internacional, acrecentado por su política hacia Cuba, el conflicto con Irán y el respaldo absoluto a Netanyahu. La tensión mediática también escaló luego de que las principales cadenas de televisión de Estados Unidos suspendieran la cobertura conjunta de la Casa Blanca en protesta por el retiro de credenciales a ciertos medios, mientras la ONU enfrenta su propio reto institucional ante la inminente conclusión del mandato de Guterres y la urgente exigencia de una reforma estructural.








