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La cifra de fallecidos ascendió a 37 tras confirmarse el impacto de una decena de bombas aéreas rusas contra una escuela subterránea en la región de Zaporiyia, un recinto que operaba como refugio y centro de ayuda humanitaria. La Policía ucraniana indicó que apenas 12 de los cuerpos han sido identificados visualmente, mientras que unas 38 personas permanecen atrapadas bajo los escombros, lo que requerirá de análisis de ADN debido a la gravedad de los daños.

El gobernador regional, Iván Fédorov, detalló que el Kremlin empleó proyectiles pesados tipo FAB-3000 provistos de sistemas de guía a distancia. Por su parte, el presidente Volodímir Zelenski condenó tajantemente el atentado al calificarlo como “extremadamente terrorífico”, recriminando la utilización de armamento de alto poder destructivo destinado originalmente a fortificaciones militares contra una infraestructura civil.

La escuela había sido construida bajo la superficie tras el inicio del conflicto para salvaguardar a los civiles de las hostilidades continuas. No obstante, las autoridades locales reconocieron que la estructura jamás estuvo diseñada para soportar el impacto simultáneo de múltiples ojivas de gran envergadura.

Este suceso ha provocado una profunda ola de consternación e indignación tanto en la sociedad ucraniana como en la comunidad internacional, mientras los equipos de emergencia continúan las complejas labores de rescate en la zona del desastre.