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Ante la huelga general convocada para este jueves, el ministro francés del Interior, Laurent Nuñez, confirmó que se mantendrá el robusto dispositivo de seguridad implementado en semanas anteriores, con un despliegue de 70 mil agentes en todo el país. La decisión responde a informes de los servicios de inteligencia que alertan sobre la posible infiltración de células de ultraizquierda con el objetivo de desviar las movilizaciones sindicales hacia disturbios y saqueos.

El funcionario subrayó que el Gobierno busca evitar la repetición de los graves incidentes registrados el pasado 17 de octubre, cuando múltiples comercios e inmuebles públicos sufrieron daños considerables. En este sentido, recalcó que se replicará la estrategia utilizada los sábados 24 y 31 del mes pasado, la cual permitió contener significativamente los desmanes en las calles.

Las autoridades identificaron tres ejes principales de riesgo: confrontaciones directas con las fuerzas de seguridad, protestas fuera de control y ataques focalizados contra establecimientos comerciales y edificios gubernamentales. Asimismo, se detectaron convocatorias a través de redes sociales que incitan a la insurrección y a la violencia.

A diferencia de las protestas previas —caracterizadas por la confluencia de sindicatos, estudiantes y «chalecos amarillos»—, esta jornada está encabezada formalmente por las centrales obreras. Para prevenir afectaciones severas, el Ejecutivo ha restringido los recorridos en zonas urbanas sensibles, lo que ha generado tensiones con los organizadores frente a las más de 220 manifestaciones previstas, incluyendo algunas de carácter no autorizado.