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La prolongada falta de precipitaciones golpea de forma severa la región este de Guatemala, donde pequeños agricultores del departamento de El Progreso reportan la pérdida total de sus cosechas de subsistencia como el maní, el maíz y el frijol. La crisis hídrica afecta a comunidades rurales incrustadas en el Corredor Seco centroamericano, donde los niveles de agua en pozos han caído a mínimos históricos y los caminos de acceso se han vuelto de difícil tránsito por la sequedad de la zona.

Frente al desabasto de alimentos y la pérdida de sus inversiones, las familias afectadas han recurrido a estrategias de emergencia como la recolección de agua residual de lluvias y el empleo temporal en fincas agroindustriales locales. De acuerdo con reportes de los propios pobladores, la falta de granos y productos para comerciar en los mercados comunitarios ha incrementado la vulnerabilidad económica de miles de habitantes en los municipios de la franja árida del país.

La coyuntura tiende a empeorar luego de que el Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (Insivumeh) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM) confirmaran la consolidación oficial del fenómeno meteorológico de El Niño. Las autoridades prevén que el déficit de lluvias y las altas temperaturas mantengan un impacto negativo directo en el territorio guatemalteco al menos durante todo el primer semestre de 2027.