La intensa sequía en Francia ha puesto en jaque el suministro hídrico nacional, obligando a distribuir agua potable mediante camiones cisterna y garrafas a más de 30 mil habitantes en decenas de municipios. Esta medida de emergencia expone la fragilidad de las reservas subterráneas, donde más del 90 % de los acuíferos registran un descenso crítico de sus niveles.
El problema trasciende las escasas precipitaciones estivales. La crisis hídrica ha visibilizado graves deficiencias estructurales en el sistema de abastecimiento francés, caracterizado por la antigüedad de sus redes hídricas. Se calcula que cerca del 20 % del recurso se pierde debido a fugas en las tuberías. A esta falta de mantenimiento se suman la sobreexplotación de acuíferos derivada de la agricultura y el turismo, así como una gestión administrativa fragmentada que frena las inversiones de modernización.
Para contener el impacto, las autoridades aplican restricciones de consumo en la mayor parte del territorio nacional, impulsando reparaciones urgentes y planes de reutilización para mitigar un escenario ambiental cada vez más recurrente en Europa.









