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La península coreana enfrenta una ola de calor sin precedentes que obligó a las autoridades a elevar la respuesta nacional por desastres a Nivel 2, ante el riesgo inminente de una sequía prolongada. Las temperaturas extremas han causado un desplome en los niveles de agua de infraestructuras clave, como el embalse de Baekan en Miryang, cuyo lecho luce seco y agrietado debido a la falta de precipitaciones y la evaporación acelerada.

El impacto climático ha dejado marcas históricas en el país. La ciudad de Yangsan registró una temperatura récord de 42.5 °C, la cifra más alta en 122 años de registros meteorológicos oficiales. Por su parte, en Seúl se activó por primera vez el aviso por «ola de calor severa». La Agencia de Control y Prevención de Enfermedades de Corea confirmó que las afecciones térmicas han afectado a más de 2.200 personas y provocado al menos 19 fallecimientos desde mediados de mayo. Ante la crisis sanitaria y agrícola, el gobierno surcoreano destinó fondos de emergencia para la instalación de refugios climáticos y el envío de camiones cisterna a la provincia de Gyeongsang del Sur.