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Miles de operarios de la industria textil tomaron las calles y bloquearon puntos neurálgicos de Daca y del cinturón industrial de Gazipur para exigir un incremento urgente del salario mínimo mensual a 30.000 takas (alrededor de 245 dólares), frente a la remuneración base actual de 12.500 takas. Las jornadas de huelga y movilización derivaron en fuertes enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, saqueos y el cierre preventivo de al menos 150 fábricas de confección, lo que llevó a las autoridades a desplegar contingentes de policía antidisturbios y de la guardia fronteriza para dispersar las protestas mediante gases lacrimógenos y granadas aturdidoras.

El conflicto laboral estalló a raíz del encarecimiento constante del costo de vida y el deterioro del poder adquisitivo de los asalariados, en un sector estratégico que constituye el pilar de las exportaciones del país asiático. Los bloqueos se concentraron a lo largo de autopistas clave que enlazan la capital con los distritos manufactureros del norte, provocando el colapso del transporte de mercancías hacia los centros logísticos y puertos de embarque, mientras los gremios advierten que las medidas de fuerza no cesarán hasta que la junta salarial gubernamental oficialice un ajuste sustancial.

Las patronales advierten que las interrupciones operativas prolongadas ponen en grave riesgo el cumplimiento de los contratos con marcas internacionales de moda y comprometen la competitividad frente a competidores directos como Vietnam o India. Pese a que el Ministerio de Trabajo anunció la activación de una mesa de diálogo tripartita para revisar los sueldos bajo la legislación laboral vigente, las tensiones persisten en las plantas fabriles debido a la resistencia de los fabricantes, quienes argumentan presiones de costos energéticos e incertidumbre en la demanda global.