La fiscalía de Japón presentó este domingo cargos formales de robo y homicidio en contra de un marine de Estados Unidos, acusado de asesinar a una ciudadana de 39 años a inicios de mes en la prefectura de Okinawa, un caso que reavivó el rechazo ciudadano y político hacia el despliegue de las fuerzas armadas estadounidenses en el archipiélago.
Los hechos se registraron el pasado 3 de octubre, cuando el uniformado de 20 años de edad, asignado a la polémica base aérea de Futenma, asfixió a la víctima con un cable telefónico al interior de una habitación de hotel en la capital prefectural, para posteriormente sustraerle su mochila y pertenencias personales.
El crimen desató una fuerte ola de indignación comunitaria en Okinawa, territorio insular que alberga a la mayor parte del contingente militar norteamericano en territorio nipón y donde históricamente se han registrado incidentes delictivos vinculados al personal de las tropas extranjeras. Ante la presión social, el mando militar de EE. UU. implementó restricciones que contemplan un toque de queda obligatorio de un mes para sus efectivos en la demarcación.

En el ámbito diplomático, la primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, condenó el homicidio calificándolo como un suceso «extremadamente cruel y atroz», asegurando que su administración adoptará todas las disposiciones necesarias y exigiendo la total colaboración de Washington para esclarecer el proceso penal. Asimismo, el viceministro de Asuntos Exteriores, Takehiro Funakoshi, convocó formalmente al embajador estadounidense, George Glass, para extenderle una enérgica protesta oficial por lo ocurrido.













