Miles de manifestantes marcharon este miércoles por las calles centrales de Teherán y prendieron fuego a una enorme valla publicitaria con los rostros del presidente de Estados Unidos, Donald Trump; el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu; el vicepresidente estadounidense, JD Vance, y el enviado especial de Washington, Steve Witkoff. La movilización, concentrada principalmente en la emblemática plaza Enqelab, incluyó la quema de banderas de ambos países aliados y cánticos de «Muerte a Estados Unidos» y «Muerte a Israel», además de la exhibición de efigies y caricaturas donde se representaba al mandatario norteamericano como un perro atado a una correa sostenida por Netanyahu.
La jornada de protesta tuvo lugar en el marco de la conmemoración del 47 aniversario de la toma de la embajada de Estados Unidos en Teherán, ocurrida el 4 de noviembre de 1979, cuando estudiantes islámicos retuvieron como rehenes a 52 diplomáticos y ciudadanos estadounidenses durante 444 días. Durante los mítines, autoridades y portavoces del régimen iraní calificaron como un doble revés para Washington y Tel Aviv el panorama actual, destacando los recientes resultados de las elecciones de mitad de mandato en territorio norteamericano, donde el propio mandatario republicano admitió que el conflicto militar pesó de forma decisiva en el desempeño electoral de su partido.
La demostración de fuerza popular y gubernamental se produce bajo el tenso escenario de la guerra abierta desatada el pasado 28 de febrero tras la ofensiva combinada de Washington y Tel Aviv contra objetivos iraníes, confrontación bélica que cobró la vida del anterior líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei. El conflicto continúa ejerciendo una severa presión sobre los mercados globales de hidrocarburos y la navegación en el estratégico estrecho de Ormuz, mientras Teherán eleva su discurso de resistencia y desafía las presiones militares y diplomáticas internacionales.














