La industria automotriz europea y británica solicitó formalmente integrar al Reino Unido dentro de las normativas del sello ‘Made in Europe’, con el propósito de blindar la competitividad regional y evitar que nuevas barreras comerciales aceleren el desplazamiento de producción hacia China. La petición se sustenta en un informe elaborado por LSE Consulting para la Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles (ACEA) y la Sociedad de Fabricantes y Comerciantes de Motor británica (SMMT), el cual advierte que fragmentar las cadenas de suministro perjudicará a los ensambladores a ambos lados del canal de la Mancha en favor de competidores asiáticos.
El análisis subraya la profunda interdependencia de ambos mercados: la Unión Europea absorbe el 60,4 % de las exportaciones de vehículos británicos, mientras que el Reino Unido recibe cerca del 30 % de los envíos comunitarios y representa el principal destino exterior para sus coches eléctricos. Ante la entrada en vigor el 1 de enero de 2027 de reglas de origen más estrictas, las cuales exigirán un mayor porcentaje de componentes y baterías locales para eludir aranceles , los fabricantes alertan que apenas el 23,9 % de los modelos eléctricos y el 1,7 % de los híbridos enchufables previstos cumplirían dichos estándares, amenazando el flujo comercial bilateral.
La presión competitiva se refleja directamente en el empleo y en la fabricación de baterías, renglón donde la UE aún importa dos tercios de sus acumuladores de ion-litio. Según el informe, entre los periodos 2015-2016 y 2023-2024 las armadoras del bloque europeo y el Reino Unido perdieron más de 300.000 puestos laborales (caídas del 17 % y 30 %, respectivamente), mientras la industria automotriz en China ganó cerca de 350.000 empleos y expandió su liderazgo en patentes y tecnología eléctrica.














