Mientras la jornada electoral avanza en Estados Unidos, los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) operan bajo directrices internas enfocadas en evitar cualquier percepción de intimidación en las urnas. Documentos revisados revelan que los mandos regionales instruyeron al personal abstenerse de portar insignias institucionales al acudir a votar de forma personal, buscando blindar el proceso ante la alta sensibilidad política que rodea a la agencia migratoria.
A nivel operativo, funcionarios de Seguridad Nacional confirmaron que la institución no contempla un despliegue extraordinario en las inmediaciones de los centros de votación, manteniendo su rutina habitual. Sin embargo, el ángulo crítico de la jornada recae en las declaraciones del secretario de Seguridad Nacional, Markwayne Mullin, quien en septiembre pasado delimitó las únicas excepciones bajo las cuales el personal federal podría aproximarse a una casilla: una amenaza directa a la seguridad del recinto o la ejecución activa de una orden judicial contra un objetivo específico.
La postura oficial colisiona con el delicado equilibrio legal que rige los comicios en el país. Si bien la legislación federal prohíbe tajantemente la presencia de efectivos armados en los puntos donde se celebran elecciones generales o especiales para prevenir coacciones, las declaraciones del titular del sector dejaron margen interpretativo sobre la actuación de las fuerzas federales en situaciones operativas críticas durante el día electoral.
Fuentes internas del ICE subrayaron que la posibilidad de realizar operativos en centros de votación ni siquiera se discutió como una estrategia institucional para este ciclo. A pesar de las tensiones sobre las políticas migratorias y las redadas impulsadas por la administración de Donald Trump, la agencia federal optó por un perfil bajo para prevenir incidentes que alteren la normalidad de la votación en curso.












