La presidenta Claudia Sheinbaum eligió cerrar su recorrido nacional de rendición de cuentas con motivo del Segundo Informe de Gobierno, en el aniversario de la consumación de nuestra Independencia, el 27 de septiembre. La reflexión histórica con la que inició su mensaje permite recordar que el México de hoy es producto de más de dos siglos de luchas, avances, retrocesos, resistencias y conquistas sociales.
La historia juzga no solamente el momento en que una persona alcanza el poder, sino la manera en que ejerce ese poder y la fidelidad que mantiene hacia los principios que hicieron posible su llegada. Por ejemplo, Agustín de Iturbide jugó un papel decisivo en la consumación de la Independencia, pero inmediatamente traicionó sus principios políticos.
La congruencia constituye una de las obligaciones más importantes de quienes participamos en la vida pública. Ningún proyecto político puede considerarse permanente ni ningún triunfo puede entenderse como una autorización para alejarse de las causas que lo hicieron posible. La legitimidad democrática necesita renovarse todos los días mediante resultados, honestidad, cercanía con la ciudadanía y respeto a las instituciones.
En su mensaje de este domingo, la Presidenta recordó la importancia de luchar por la justicia social y velar por quienes han tenido menos oportunidades. Además, la democracia es una forma de vida que busca el bienestar de toda la población y el poder no es patrimonio de quienes temporalmente lo ejercen, sino que siempre debe ser utilizado en beneficio de la sociedad.
Las luchas históricas nos permiten comprender mejor el Segundo Piso de la Cuarta Transformación. Independencia, Reforma y Revolución fueron etapas en las que se incorporaron derechos, libertades e instituciones que buscan la libertad y el bienestar de todos. Pero en todas esas etapas históricas hemos encontrado castas económicas que se han convertido en el principal obstáculo para el cumplimiento de las metas y demandas de cada transformación.
Así, después de la Independencia hubo grandes terratenientes, hacendados, comerciantes y prestamistas que limitaron las aspiraciones de soberanía, la eliminación de privilegios y las reivindicaciones sociales. Después, la Reforma buscaba construir una república liberal, un Estado laico y libertades civiles, pero esas metas fueron obstaculizadas por caciques regionales, concesionarios, inversionistas y por la oligarquía porfiriana. Finalmente, en la Revolución, otra vez los caciques, líderes empresariales y algunos jefes revolucionarios impidieron que se consolidaran los derechos sociales contemplados en la Constitución.
El gran desafío del Segundo Piso de la Transformación es romper con esas dinámicas, erradicar los privilegios y lograr que los avances obtenidos no se vean eclipsados por nuevas castas económicas o políticas.
En ese sentido, es necesario reconocer que la existencia de los derechos en la Constitución no significa que todos puedan ejercerlos plenamente. Todavía existen comunidades sin acceso suficiente al agua, familias que enfrentan dificultades para obtener servicios de salud oportunos, jóvenes cuyas condiciones económicas limitan sus oportunidades educativas, trabajadores cuyos ingresos todavía resultan insuficientes y regiones donde la inseguridad condiciona la vida cotidiana.
Un Estado social de Derecho como el que buscamos debe representar la posibilidad real de que una persona, independientemente de su lugar de origen, género o condición económica, pueda desarrollar dignamente su proyecto de vida.
Hoy, México puede decir que va por el camino correcto, pero es necesario no descuidar ni por un segundo la lucha contra los privilegios, la corrupción y la delincuencia. Ya tres transformaciones han sido frenadas por las castas políticas y económicas. Para evitar caer en el mismo error, el Segundo Piso de la Transformación debe siempre mantener vivos sus principios, combatir día a día la pobreza y la desigualdad, ampliar los derechos y buscar que la democracia produzca bienestar y justicia.
Llegar hasta donde estamos ha costado demasiado como para olvidar de dónde venimos. El reto del presente es conseguir que libertad, igualdad, democracia y justicia social dejen de ser únicamente grandes aspiraciones constitucionales y se conviertan, cada vez más, en experiencias reales para todas y todos los mexicanos. Sólo entonces podremos afirmar que las luchas de quienes construyeron nuestra nación siguen dando frutos y que alcanzamos la verdadera Transformación.







