La prolongación del conflicto bélico entre Estados Unidos e Irán ha desencadenado la mayor interrupción del suministro petrolero registrada a la fecha en términos acumulados, superando episodios históricos con una pérdida estimada de 2.600 millones de barriles de petróleo desde el inicio de las hostilidades, según cálculos basados en datos de Saudi Aramco (Compañía nacional de petróleo y gas natural de Arabia Saudita). Esta cifra equivale a 25 días del consumo global previo a la guerra, dejando al mercado energético internacional ante el desafío de determinar si las reservas estratégicas vigentes serán suficientes para amortiguar el impacto.
Actualmente, analistas estiman que existe un déficit diario de suministro de 5 millones de barriles, una brecha agravada en julio tras ataques con drones al oleoducto CPC de Kazajistán. Aunque la Agencia Internacional de la Energía (AIE) liberó 400 millones de barriles de emergencia en marzo y calcula que las reservas comerciales y gubernamentales de sus miembros suman 1.500 millones de barriles, la capacidad real de respuesta está en entredicho. En Estados Unidos, informes oficiales advierten sobre el rápido deterioro de la Reserva Estratégica de Petróleo (SPR), lo que limita la extracción efectiva a solo 200 millones de barriles accesibles (suficientes para cubrir apenas 40 días de déficit). Esta vulnerabilidad logística, sumada al agotamiento de inventarios y a la escasez de combustible como el diésel, deja a los precios internacionales expuestos a una gran volatilidad, mientras potencias como China mantienen una posición de mayor resistencia gracias a sus elevadas reservas acumuladas.











