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Ante el recrudecimiento de las revueltas callejeras que sacuden a Francia, el primer ministro Sébastien Lecornu instruyó a los prefectos regionales imponer toques de queda parciales en los focos más críticos de la geografía gala. La decisión busca frenar de golpe los disturbios mediante medidas quirúrgicas por territorio, esquivando por ahora la declaratoria de estado de emergencia nacional, aunque sin descartarla si el caos persiste.

Las autoridades del Ministerio del Interior prevén difundir en las próximas horas el mapa exacto de las localidades bajo restricción nocturna para contener a los manifestantes. Desde la sede del Gabinete, Lecornu dejó en claro que el Estado no tolerará la permanencia de pandillas ni saqueadores en las calles, advirtiendo que la respuesta policial se intensificará para restaurar el orden público de forma inmediata.

El jefe del Gabinete no dudó en señalar directamente a las agrupaciones de extrema izquierda como las articuladoras de la violencia diurna, al tiempo que atribuyó las pillajes de medianoche a bandas del crimen organizado. Tras calificar como un auténtico milagro que la crisis aún no deje víctimas fatales, el funcionario enfatizó que la prioridad absoluta es contener la desestabilización social antes de que la violencia escale.

Detrás de este cerco de seguridad subyace la urgencia de blindar las próximas elecciones presidenciales frente a maniobras extremistas. Citando reportes de los organismos de inteligencia, Lecornu alertó que operan redes radicales cuyo objetivo explícito es sabotear el calendario electoral, por lo que el aparato estatal desplegará todos los recursos disponibles para garantizar la viabilidad de los comicios.