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Estados Unidos intensificó su campaña militar contra Irán al completar 11 noches consecutivas de bombardeos, una operación que, según el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM), busca debilitar la capacidad militar iraní para amenazar el transporte marítimo internacional en el Estrecho de Ormuz, uno de los corredores energéticos más importantes del mundo.

A través de un comunicado difundido en sus canales oficiales, CENTCOM informó que las operaciones comenzaron a las 7:00 de la noche (hora del Este) y estuvieron dirigidas contra objetivos militares dentro del territorio iraní. De acuerdo con el mando estadounidense, los ataques forman parte de una campaña sostenida para reducir las capacidades ofensivas de Teherán y garantizar la seguridad de la navegación comercial en la región.

La nueva ofensiva se produce después de que el presidente Donald Trump endureciera su postura frente a Irán. En declaraciones recientes, el mandatario aseguró que, si Teherán continúa atacando embarcaciones comerciales en el estrecho de Ormuz, Estados Unidos responderá «diez veces más fuerte», al tiempo que reiteró que mantiene abierta la posibilidad de negociar, aunque advirtió que el Departamento de Guerra está preparado para ampliar las operaciones militares.

El estrecho de Ormuz concentra una parte significativa del comercio mundial de petróleo y gas natural licuado, por lo que cualquier interrupción en esa ruta tiene repercusiones inmediatas en los mercados energéticos internacionales. Washington sostiene que las fuerzas iraníes han incrementado las amenazas contra buques mercantes y aliados de Estados Unidos, argumento que ha utilizado para justificar la continuidad de los ataques.

La escalada ocurre en un contexto de creciente tensión regional. Además de los bombardeos estadounidenses, Irán ha mantenido acciones de represalia contra intereses de Washington y de sus aliados en Medio Oriente, mientras los esfuerzos diplomáticos para contener el conflicto permanecen prácticamente paralizados. El deterioro de la seguridad en el Golfo Pérsico también ha elevado la preocupación por el impacto sobre las cadenas globales de suministro y los precios internacionales de la energía.

Con esta nueva ronda de ataques, la campaña militar estadounidense entra en su undécima jornada consecutiva y refleja una estrategia de presión sostenida sobre la infraestructura militar iraní. Aunque la Casa Blanca insiste en que el objetivo es proteger la libertad de navegación y disuadir nuevas agresiones, la continuidad de las operaciones incrementa el riesgo de una confrontación de mayor escala en una de las regiones más sensibles para la economía mundial.