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El primer ministro israelí y líder del partido Likud, Benjamín Netanyahu, emitió su voto en Jerusalén en unos comicios cruciales marcados por una participación electoral récord, la más alta desde 1977. Las encuestas sitúan al Likud codo a codo con el partido liberal Yashar, liderado por su principal rival y exjefe militar Gadi Eisenkot. Ante este escenario reñido, Netanyahu instó a la ciudadanía a acudir a las urnas y advirtió que la alta afluencia en sectores árabes podría definir la balanza política del país.

Durante la jornada electoral, Netanyahu acusó a la izquierda y a los partidos árabes israelíes de intentar robar los comicios, tras la detención de 3 altos funcionarios en el Néguev sospechosos de intentar comprar votos para el partido islamista Raam. En los registros domiciliarios, la policía confiscó sobres con decenas de miles de séqueles en efectivo y notas con evidencias. No obstante, las autoridades electorales aclararon que los detenidos no habían llegado a los centros de votación y calificaron el hecho como un caso aislado.

Por su parte, Gadi Eisenkot ejerció su derecho al voto en Herzliya y llamó a la población a conseguir una victoria amplia para enviar a Netanyahu a casa. Los analistas políticos señalan que los partidos musulmanes y la participación de las minorías árabes podrían ser determinantes para la formación del próximo gobierno. Mientras tanto, la Comisión Electoral Central mantiene el seguimiento del proceso en un clima de alta polarización y tensión política en todo el territorio nacional.

Las autoridades de seguridad y la Comisión Electoral continúan monitoreando el desarrollo de la jornada en los distintos colegios electorales para garantizar la transparencia del proceso democrático. Con los centros de votación operando bajo estrictas medidas de vigilancia, el país define su futuro político en medio de los retos institucionales derivados de los recientes conflictos en la región y el impacto de los ataques del 7 de octubre de 2023.