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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afronta una prueba decisiva para conservar la mayoría republicana en el Senado, donde su partido actualmente ostenta 53 de los 100 escaños, de cara a las elecciones intermedias del próximo 3 de noviembre. Aunque las encuestas nacionales conceden una ventaja de hasta 10 puntos en intención de voto a la oposición demócrata, los márgenes en las contiendas clave continúan extremadamente ajustados.

Para arrebatar el liderazgo de la Cámara Alta durante los últimos dos años del mandato presidencial, los demócratas requieren una ganancia neta de cuatro senadores. La contienda renovará un total de 35 asientos, de los cuales 22 corresponden actualmente al Partido Republicano y 13 a la bancada demócrata, concentrando la tensión electoral en 10 estados definitorios.

Las batallas territoriales abarcan escenarios volátiles en Carolina del Norte, Ohio, Alaska, Maine y Texas. En plazas emblemáticas como Maine, la senadora republicana Susan Collins enfrenta un empate técnico contra el demócrata Troy Jackson, mientras que en Texas la irrupción de James Talarico ante Ken Paxton amenaza con romper casi cuatro décadas de hegemonía conservadora en el estado.

En otras regiones como Ohio y Alaska, la discusión sobre el impacto económico del costo de vida y la construcción de centros de datos ha reconfigurado el escenario a favor de los candidatos demócratas Sherrod Brown y Mary Peltola. Ante este panorama, los republicanos se ven obligados a volcar recursos defensivos en bastiones históricos para evitar perder el equilibrio de poder legislativo en Washington.