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El Ejército de Estados Unidos enfrenta una reducción crítica en sus inventarios de armamento tras haber consumido casi el 80% de sus interceptores de misiles clave durante la prolongada campaña militar contra Irán. Altos mandos del Pentágono advirtieron que las reservas de municiones se encuentran en niveles mínimos históricos, una situación que afecta directamente la capacidad de disuasión global de la nación y que obligó a suspender nuevos ataques en la región.

El gobierno estadounidense ha «agotado casi el 80% de los interceptores de misiles clave» mientras los altos comandantes militares «advierten que el arsenal de municiones del Pentágono es peligrosamente bajo». Según análisis del Center for Strategic and International Studies (CSIS), las existencias de sistemas Patriot y THAAD cayeron más del 60%, al tiempo que la Armada de EE. UU. ha utilizado cerca de la mitad de sus misiles de crucero Tomahawk. Con una capacidad de producción local limitada a solo 15 Tomahawks y 20 Patriots al mes, el Departamento de Defensa gestiona contratos de emergencia con aliados en Europa para acelerar el reabastecimiento estratégico.