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Un juez ordenó la liberación bajo fianza de Douglas Carter, quien pasó más de 40 años en el corredor de la muerte tras ser condenado inicialmente en 1985 y nuevamente en 1992 por el asesinato de Eva Olesen, tía del exjefe de policía de Provo, en Utah, mientras espera la realización de un nuevo juicio.

La defensa del condenado, un hombre negro, siempre sostuvo su inocencia y argumentó que la confesión original fue obtenida bajo coacción policial, señalando además que las pruebas físicas y los testimonios iniciales apuntaban a un sospechoso de raza blanca.

El caso dio un giro fundamental cuando la Corte Suprema de Utah ordenó un nuevo proceso judicial tras detectar graves fallas de los investigadores, lo que permitió evidenciar que los testigos clave del caso, Epifanio Tovar y su esposa Lucía, confesaron en 2011 haber mentido en el juicio a cambio de pagos y bajo amenazas de deportación.

Tras su liberación bajo la condición de portar un dispositivo de monitoreo GPS, el equipo legal celebró la decisión judicial, mientras el caso expone una de las anulaciones de condenas más prolongadas en el sistema judicial estadounidense por manipulación de pruebas.