La renuncia del secretario del Ejército de Estados Unidos, Dan Driscoll, sumada a la destitución o bloqueo de ascensos de más de 80 generales (entre ellos numerosos negros y mujeres) y almirantes por parte del secretario de Defensa, Pete Hegseth, ha desatado una severa crisis institucional en el Pentágono.
La salida de altos mandos civiles y militares, entre ellos el jefe del Estado Mayor, Randy A. George, y el jefe de las fuerzas en Europa, Christopher Donahue, ha provocado duras críticas de senadores y congresistas republicanos, quienes acusan a Hegseth de menoscabar el talento militar y priorizar confrontaciones ideológicas en lugar de la defensa nacional.
La tensión en el mando militar estadounidense coincide con el desgaste provocado por más de seis meses de operaciones en la guerra de Irán, la controversia por el despliegue prolongado del portaaviones USS Abraham Lincoln y discrepancias internas sobre la modernización de las fuerzas armadas mediante el uso de drones.
Con la salida de Driscoll y la vacante previa en la Secretaría de la Armada, dos de los tres departamentos militares del país operan actualmente bajo liderazgos interinos nombrados por el presidente Donald Trump.







