El empate 1-1 entre Independiente Santa Fe y Corinthians, por la cuarta fecha de la Copa Libertadores, culminó en una violenta gresca tras el pitazo final del árbitro Kevin Ortega. El detonante fue el agónico gol de cabeza de Gustavo Henrique al minuto 90+3, que neutralizó la ventaja inicial de Hugo Rodallega (min. 59) y desató la frustración del equipo local, que quedó prácticamente eliminado del torneo.
La tensión explotó cuando jugadores de Santa Fe, encabezados por el delantero argentino Nahuel Bustos y el propio Rodallega, encararon al portero brasileño Hugo Souza por presuntas provocaciones gestuales hacia la tribuna durante el encuentro. La confrontación escaló rápidamente a una batalla campal con empujones y amagues de agresión física, lo que obligó a que los cuerpos técnicos y el personal de seguridad escoltaran a los jugadores visitantes hacia el túnel de vestuarios.
El escándalo se trasladó a las tribunas, donde se reportó el lanzamiento masivo de objetos y, de manera más grave, se viralizaron videos de aficionados locales realizando gestos racistas contra la hinchada brasileña. Cuentas partidarias y medios de comunicación denunciaron actos discriminatorios (imitación de simios), lo cual ha generado un rechazo generalizado en redes sociales.
La CONMEBOL ya tiene bajo revisión el informe arbitral y las imágenes del partido para determinar posibles sanciones disciplinarias de oficio contra los futbolistas involucrados. Independiente Santa Fe enfrenta un panorama sombrío, ya que a su crisis deportiva en el Grupo E (tercero con solo 2 puntos) se le sumaría una posible fuerte multa económica y la clausura parcial o total de su estadio para futuros compromisos internacionales.







