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Pobladores de diversas comunidades remotas en el norte de Brasil emprendieron largas y complejas travesías a través de ríos y senderos selváticos para acudir a los centros de votación y participar en la segunda vuelta electoral.

El traslado hacia las mesas de sufragio requirió horas e incluso días de navegación en canoas y lanchas a motor, además de extensas caminatas por caminos de difícil acceso. A pesar de los retos logísticos propios de la geografía amazónica y ribereña, los habitantes se movilizaron de manera constante para ejercer su derecho al voto en una jornada clave para la definición de los cargos gubernamentales en disputa.

El Tribunal Superior Electoral (TSE), con el apoyo de las Fuerzas Armadas y cuerpos locales, desplegó operativos fluviales y aéreos para garantizar la llegada del material electoral y las urnas electrónicas hasta los puntos más apartados del país, permitiendo que las comunidades tradicionales, indígenas y ribereñas completen el proceso cívico.