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Un informe presentado este lunes por la Comisión Internacional Independiente de Investigación dictaminó que los bombardeos perpetrados por las fuerzas armadas de Rusia contra instalaciones estratégicas en Ucrania configuran crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad.

El dictamen pericial determinó que la destrucción sistemática de la infraestructura energética ucraniana respondió a una política de Estado deliberada orientada a privar a la población civil de electricidad, agua potable y suministro térmico. Los tres especialistas que integran la comisión concluyeron que la cadena de mando militar rusa ejecutó estas agresiones a sabiendas de que los complejos de calefacción en las principales urbes resultaban vitales para la supervivencia comunitaria durante temporadas invernales extremas, caracterizadas por temperaturas inferiores a los 20 grados bajo cero.

El deterioro de los servicios básicos impactó de manera crítica en sectores vulnerables como infantes, adultos mayores y personas con movilidad reducida, forzando la clausura prolongada de centros escolares y privando de climatización básica a miles de hogares.

De forma complementaria, la investigación reveló la operación de esquemas clandestinos de trata de personas orientados al reclutamiento forzado de combatientes extranjeros provenientes de 29 naciones para integrarlos al ejército de Moscú. Las pesquisas documentan que intermediarios en diversas regiones captan a ciudadanos bajo falsas ofertas laborales y gestionan sus visados; sin embargo, al arribar a territorio ruso, las víctimas son coaccionadas a suscribir contratos militares redactados exclusivamente en ruso.

Posteriormente, estos reclutas son trasladados a las líneas del frente de combate para cumplir misiones de alto riesgo, derivando en un elevado saldo de muertos, desaparecidos y prisioneros de guerra capturados por las fuerzas de defensa ucranianas.