El cineasta maya guatemalteco Leyzer Edinter Chiquin Chó convierte las tensiones socioambientales de Centroamérica en una fábula visual a través de El buceo de las ranas, largometraje de ficción que explora el despojo territorial, las inundaciones recurrentes y el asedio de megaproyectos extractivos en comunidades originarias, todo visto desde la mirada curiosa y frontal de la niñez.
La producción fue una de las 19 obras seleccionadas en la octava edición del Estímulo para la Creación Audiovisual en México y Centroamérica para Comunidades Indígenas y Afrodescendientes (Ecamc) 2026, otorgado por el Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine). La semilla del relato germinó en Alta Verapaz, donde tras documentar un desastre pluvial en su natal Tactic, Chiquin Chó conoció a un grupo infantil autodenominado La rana, dedicado a rescatar enseres domésticos del agua. A partir de esa vivencia nació Balám, protagonista de 11 años que, ante una orden estatal de desalojo con el pretexto de una crecida de río, descubre los intereses oscuros y corporativos que realmente operan detrás del abandono forzado de su tierra.
Rodada durante cinco semanas bajo lluvias torrenciales y jornadas maratónicas, la cinta reunió a un elenco de actores naturales pertenecientes a diversos pueblos originarios, adoptando el español como puente común ante la riqueza de lenguas maternas del reparto. Lejos del molde comercial o el documental testimonial puro, la propuesta navega entre el drama social, la fantasía y la ciencia ficción de autor, recurriendo al artificio y la metáfora lírica para desentrañar heridas ecológicas y celebrar la resistencia comunitaria en América Latina.















